El corazón de Lisboa

miércoles, 31 de mayo de 2017


Después de nuestra llegada a Lisboa y nuestra primer acercamiento a la capital portuguesa visitando el barrio de Belem, nuestro segundo día lo queríamos aprovechar para conocer los lugares más atractivos de la ciudad. Para acabar el día, conocimos a una persona muy especial. Comenzamos nuestro segundo día!

Comenzamos la mañana cogiendo el tranvia tan típico de Lisboa: la línea 28. Es un imprescindible si vais a Lisboa. Pero tened en cuenta que si os montáis y no conseguís ir sentados, agarraros bien porque es toda una aventura atravesar las calles lisboetas montados en este transporte tan tradicional.


Nos bajamos del tranvía (sanos y salvos) y comenzamos a callejear por las estrechas calles del centro de la ciudad. Callejeando, nos encontramos algunas empinadas calles tan típicas en la ciudad. Menos mal que acabamos de empezar el día y todavía tenemos las pilas cargadas, si no es vuestro caso, agradeceréis saber que existen elevadores que facilitan estos paseos por la ciudad. Algunos de los más típicos son: elevador da Gloria, da Bica y do Livra.


El esfuerzo de subir tantas cuestas, tiene que tener su recompensa. Llegamos a uno de los múltiples miradores que tiene la ciudad: el mirador de San Pedro de Alcántara. Desde aquí, disfrutaréis de unas vistas espectaculares del castillo de San Jorge, la catedral de la Sé y el centro histórico de la ciudad.


Con las pilas cargadas de nuevo, comenzamos a descender (esta vez el camino se hace más fácil), encontrándonos algunos rincones por los que no podíamos pasar de largo.


Llegamos a la plaza del Rossio, la zona más animada de la ciudad y el punto de reunión de todos los lisboetas. En el centro de la plaza encontraréis la estatua de D. Pedro IV, el rey Soldado.
El edificio ubicado al fondo de la plaza, se trata del teatro Nacional Doña María II, construido en 1842. Su curioso empedrado curvo le da a la plaza un toque muy original.


Antes os contábamos una forma muy cómoda para subir las cuestas de la ciudad sin ningún esfuerzo, pero ninguna se compara con el elevador de Santa Justa, que conecta la Baixa con el barrio del Chiado. Así si que se puede subir y bajar calles ¿verdad?


Llegamos a la plaza más importante de Lisboa: la plaza del Comercio. Fue construida en el mismo lugar donde se encontraba el palacio real antes de ser destruido en el terremoto de 1755, el cual sacudió toda la ciudad. Lo más destacado es el arco que da comienzo a la calle Rua Augusta, así como la estatua de José I que se levanta en el centro de la plaza.


Nos dirigimos a otro de los símbolos de la ciudad. Su catedral más importante: la catedral de la Sé ubicada en el barrio de la Alfama. Tal vez la importancia de esta catedral, se debe a ser uno de los pocos edificios que sobrevivió de los sucesivos terremotos e incendios de la ciudad. ¡Toda una superviviente! Si tenéis paciencia, podéis capturar una foto increíble con el paso del tranvía. Queda preciosa!



Cuando salimos de la catedral, dedicamos un rato a pasear por este típico barrio lisboeta: el barrio de la Alfama, hasta llegar al Panteón Nacional. Este es el lugar donde están enterradas grandes personalidades de Portugal como Vasco de Gama. Lo mejor es su subida a la cúpula, donde se pueden apreciar unas excelentes vistas del río Tajo y su desembocadura.



Antes de que acabe el día, queremos contemplar de nuevo las vistas de la ciudad desde otro mirador:  el Mirador de Gracia.  El esfuerzo de subir hasta aquí, merece la pena para ver estas vistas, ¿no?


El atardecer se aproxima, por lo que decidimos bajar de nuevo hacia la Plaza del Comercio para contemplar el atardecer frente al mar. Tras un paseo nocturno por el centro de Lisboa, fuimos a la ultima parada del dia: A tasca do Chico.
En este bar podréis disfrutar del Fado cantado por cantantes aficionados pero con grandes voces. Nosotros tuvimos la suerte de sentarnos junto a uno de ellos. Un entrañable señor de 84 años, que había sido una gran cantante de joven y que había hecho conciertos por toda Europa. A pesar de tener ya la voz delicada, lo compensaba con la gran pasión con la que cantaba cada nota.



Después de disfrutar del Fado, nos fuimos de vuelta al hotel. Al día siguiente visitamos una paraje espectacular muy cercano a Lisboa: Sintra!

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